El extemplo de San Pablo el Viejo, corazón de la Merced

September 21, 2015
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Cuando alguien dice que se encuentra en “el corazón de la Merced”, es posible que esa persona esté en la Plaza Juan José Baz (o “de la Aguilita”), de compras en el famoso mercado o visitando acaso –previa propina al guardia, de ceño grave, que a estas alturas debe ser ya un hombre rico– el claustro del que fue mercedario convento. El barrio de la Merced, que en realidad es un conjunto de desaparecidos barrios, al menos unos dieciocho si le hacemos caso a Caso, es vasto y ha tenido diversas vocaciones. En el caso del que esto escribe, se considera que su corazón o centro histórico se localiza en San Pablo el Viejo, extemplo que desde 1970 funciona como auditorio al interior del Hospital Juárez. (No confundir con San Pablo el Nuevo, muy próximo.) Pero ¿a qué nos referimos con “barrio de la Merced”?, más adelante nos detendremos en esto.

Primero la historia de la iglesia (del hospital no hablaré por ahora): el fraile Pedro de Gante ordenó construir ahí, en el barrio de Huitznáhuac, que también ha sido nombrado Ayauhcutitlan (o Ayauhcaltitlan) y Teocaltitlan, una capilla abierta, subordinada a la parroquia de San José de los Naturales. La capilla es derribada en 1581 para levantar otra menos sencilla, esta vez cerrada. Al parecer la obra es auspiciada por un pariente de Moctezuma el joven. En el siglo XVIII vuelven a demolerla, o acaso sólo a aderezarla, para dar paso a la construcción de fachada plateresca que se puede conocer actualmente (pero sólo si en el hospital le dan a uno permiso).

¿Por qué fray Pedro escogería ese lugar para poner una capilla? Porque ahí estuvo el centro religioso de Zoquipan (o Zoquiapan) o Teopan, el campan más grande, populoso y viejo de México-Tenochtitlan, pródigo en chinampas y cazahuates. Extraña que este centro religioso no haya estado en el cercano calpulli de Temazcaltitlan, en donde supuestamente fue fundada la ciudad tenochca, pero ese es un tema que abre una discusión aparte: añeja y siempre vigente. Zoquipan lo habitaron sobre todo aztecas xochimilcas y su territorio se ha acomodado en el imaginario del último siglo dentro de los límites (imprecisos) del barrio de la Merced, llamado así por el mercado y no tanto por el exconvento y que abarca gran parte de campan, como si la Merced y Zoquipan fueran ya intercambiables (si admitimos esto, entonces el corazón de la Merced, su centro histórico, sí puede ser San Pablo, pero discutámoslo bien y terminemos de paso con tanto paréntesis).

Volvamos al extemplo. Ya no existen la cúpula, desmoronada hace casi noventa años, ni la riqueza de los seis o siete retablos. Tampoco la barda alta que se aprecia en el plano de Pedro de Arrieta. Lo que pervive en San Pablo el Viejo, sin embargo, resulta de interés para los curiosos que deseen conocer mejor el Centro Histórico: tan sólo las piedras, por ejemplo, que emociona ver porque seguramente formaron parte de la primera capilla y hasta de construcciones anteriores. Igual de asombroso es notar que el edificio permanece sobre un basamento prehispánico y que la capilla primitiva no está del todo extinta, como uno habría pensado. Ciudad de capas es la nuestra. Ciudad que se convierte, como Pablo de Tarso, aunque nunca del todo. Ciudad de varios corazones.

Enseguida unas fotos de la fachada principal, plateresca; la fachada lateral; el interior de la antigua iglesia; y lo que queda de la capilla primera, o segunda:

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