Otra vez en Tlaltenco

November 6, 2015
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Regresé a San Francisco Tlaltenco, pueblo favorito del Distrito Federal. Esta vez en jueves y con mi mejor amigo, con quien compartí algunas preocupaciones sociales y estéticas, y cómo no hacerlo, mientras transitábamos por la inquietante Avenida Tláhuac. Nuestra intención era mirar la iglesia del XVI (con un bello retablo del siglo siguiente), dar un paseo entre las interesantes casas de piedra y seguirnos luego a San Pedro Tláhuac o el Parque de los Olivos en San Juan Ixtayopan. También pretendíamos acercarnos al volcán Teuhtli, ya que andábamos por ahí. Todo en un día, inocentes de nosotros. Por supuesto, no nos movimos de Tlaltenco hasta bien entrada la noche. Comimos y cenamos muy rico. Consultamos los libros sobre el pueblo que tienen en la biblioteca, sorprendiéndonos por las historias y recetas locales. Conocimos al encargado de la parroquia, que nos dejó subir al campanario y ver las obras de arte de la sacristía. Tomamos uno de esos simpáticos taxis en motocicleta para visitar el cercano Santiago Zapotitlan, en donde cada julio hacen una Fiesta de Luces y Música. Estuvimos en el panteón de Tlaltenco, lleno de apellidos Ramo, Mancilla, Castañeda. Nos encantaron los letreros que honran a personajes de este pueblo de zapatistas y pintores, que todavía huele a establo, habitado desde los tiempos de los cuicuilcas y por el que han pasado Cuitláhuac, Hernán Cortés, la emperatriz Carlota y Emiliano Zapata, entre un millón más. Vale la pena pasar por aquí, especialmente ahora que están por inaugurar nuevamente la línea doce del metro entera: hay que comer en el mercado y echarse una siesta en el atrio de la parroquia, bajo la sombra de un pirul. ¡Pero hay que llevar suéter y protector solar!