El bien custodiado Ángel Custodio

March 3, 2016
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No se cansa nadie nunca de descubrir lugares en el Centro, por donde hay que pasear y repasar y volver a pasar, y descubrirlos/describirlos con mirada limpia, como si de ciudad extraña se tratase (eso somos para ella). Así se topa uno con El Ángel Custodio, taller de restauración de arte –sobre todo sacro– en la Plaza de Santa Catarina, antigua sede del antiguo baratillo que ulteriormente migra a Garibaldi y más allá. En la plaza se conservan las cadenas del Paseo de las Cadenas; la casa de los Tagle, aderezada con un balcón tipo limeño; una amistosa jauría que bebe de las cuatro fuentes, lo mismo que los indigentes acá aposentados; entre mil visiones más, siempre arboladas. Seguido anda uno por Altuna y Honduras y Brasil y Nicaragua, pero apenas hogaño aparece este taller en que reparan un San Cristóbal estofado del XVI, perteneciente a la parroquia de Santa Catarina, enfrente, amén de un ropero de muñecas de hace como cien años, piececillas o de Olivier Debroise o de Francis Alÿs (cara de santo anterior al barroco), fotos, pinturas… La música ¿barroca? a un justo volumen; la luz deliciosa. La animada conversación en este espacio de remanso, donde tres señores trabajan, uno de ellos anciano y lleno de historias que, yo espero, un día le voy a escuchar. Abren de lunes a viernes y su entrada es discreta asaz; no a cualquiera lo dejan entrar –se custodian bien–, si acaso sólo se asoman los perros de la plaza, alimentados en ocasiones por estos señores, y a este señor que de estas cosas se alimenta: ¡gracias!