Seiscientos noventa y un años de Tenochtitlan

March 13, 2016
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Hoy los tenochcas conmemorarían seiscientos noventa y un años de fundada su ciudad, siempre y cuando estuvieran de acuerdo con las fechas del Códice Mendoza y de Vicente Lombardo Toledano, y no con las de Alvarado Tezozómoc o Bernardino de Sahagún. Pero me temo que no queda uno solo. Mexicas sí, y muchos, por ejemplo los macehualtin de Santa Ana Tlacotenco. Sin embargo, éstos resultan tan tenochcas como el propio Juan José Marcilla de Teruel-Moctezuma y Valcárcel, descendiente del antepenúltimo tlahtoani y duque de Moctezuma de Tultengo. En qué fecha desaparece Tenochtitlan me parece, en cualquier caso, un asunto más interesante y cercano. Y no creo que coincida con la aprehensión de Cuauhtémoc, el 13 de agosto de 1521, o siquiera con los primeros años de la ciudad mestiza (estrenada meses antes de la Conquista), pero sí con la llegada del virrey de Mendoza.

Dejemos eso a un lado y aprovechemos la ocasión para hablar someramente del urbanismo de Tenochtitlan, que, a decir de Héctor Manuel Romero, tenía sus límites en las actuales calles de República de Costa Rica, Leona Vicario, República de Uruguay y Bolívar y Allende. “En forma irregular se prolongaba hacia el N.E., hacia Tlatelolco, salvando una pequeña laguna de la que ese barrio derivó su nombre: la Lagunilla”, continúa. Un altépetl pequeño, si lo pensamos bien, y compuesto en términos generales por un centro ceremonial, rodeado por un coatepantli, y cuatro campa o parcialidades –cada cual con sus respectivos barrios– llamadas Atzacoalco o Atzacualpa, Teopan o Zoquipan o Xochimilca, Cuepopan o Tlaquechiuhcan y Moyotla. Estos tomarían después los nombres de San Sebastián, San Pablo, Santa María y San Juan. Lo anterior lo leo de Alfonso Caso, quien también escribe: “La Calzada de Tacuba y su prolongación por las calles de Guatemala y Miguel Negrete formaba la separación E-O de las cuatro parcialidades. La separación N-S estaba dada por la Calzada de Tlalpan, San Antonio Abad, Pino Suárez, Seminario y República de Argentina”.

Para no aburrir al lector enunciado ahora el nombre y curso de las cinco principales acequias, acabaré de una vez invitando a que imaginemos –o mejor: que recorramos, ya sea a pie o con la ayuda de un mapa– esa “ciudad anfibia”, descrita así por Gonzalo Celorio y cuya presencia en nuestra Ciudad de México podemos admirar en esta página, de donde asimismo sale la imagen que ilustra el post.