La casa de la marquesa de Uluapa

July 12, 2016
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Nunca pensé que llegaría a estar tan agradecido, como lo estoy ahora, con Toallas La Josefina, empresa que posee la casa de la marquesa en cuestión, en cuya historia existe más cuestión que marquesado, pues ya un estudioso ha escrito que la vivienda no perteneció a ninguna marquesa, sino a una familia acomodada, o se diría de clase media. “Esta señora ni fue su propietaria ni se sabe que haya vivido nunca en ella”, aclara aquel, Jorge Enciso, en Una casa habitación del siglo XVIII en la Ciudad de México (SEP, 1939), valioso libro si se desea estudiar esta casa del mayorazgo instaurado por Hernando de Ávila y Gerónima de Sandoval, en la céntrica calle de 5 de Febrero, antes de la Monterilla.

Mi agradecimiento se debe a que en La Josefina me permitieron recorrer el inmueble, ubicado en el primer barrio aristocrático de la ciudad, donde aún sobreviven sólidas mansiones, desde luego posteriores todas a la época fundacional de la capital. Es un edificio discreto que no resulta fácil de conocer, hay que pedir permiso con antelación por tratarse de una propiedad privada (alquilada a empresas, una de ellas de teleoperadores). Lo tienen bien conservado y ha sido merecedor de atención sobre todo por sus lambrines de azulejos, únicos en México y aun en Puebla.

 

Lo primero que me enseñan es la azotea, desde donde se mira la esquina con República de Uruguay y, claro, el simpático perrito de piedra que parece que vigila:

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También en la azotea sorprende esta puerta añosa, que según mi amable guía no ha sido abierta nunca:

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Los trabajos en talavera, seguramente poblana y puede que del mismo locero de la Casa de los Azulejos, con motivos asiáticos no dejan de llamar la atención, pero también los hay con animales, personajes europeos o criollos, etcétera:

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En un corredor nos encontramos con tres hombres –pala y maceta o aves muertas o cazuela con comida–, cuyas excelentes fotografías se han visto ya en el conocido número de Artes de México dedicado al Centro Histórico de la Ciudad de México:

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Otro tablero de azulejos, al interior de una cuarto que parece de servicio (quizá ya lo era en el XVIII, o este y los demás tableros aquí fueron movidos después), el cual representa, insólitamente, a un personaje de origen africano:

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Una columna de talavera con una cabeza que da la impresión de ser de serpiente:

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La construcción ha sido intervenida a lo largo de los siglos y, sin embargo, conserva detalles de su grandeza barroca:

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En la planta noble destaca este fino balcón de hierro forjado:

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Una pequeña escultura oculta:

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El patio principal que hoy funciona como recibidor de las empresas aquí alojadas encanta por sus audaces arcos sin soporte, que hacen pensar en el templo de la Enseñanza o la escalera del palacio de Calimaya.

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Y para terminar, el lambrín del hombre con las aves muertas (¿un pollero, o cocinero?):

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Hay mucho más que mostrar, por ejemplo las figuras femeninas, pero no es mi deseo cansar a nadie. Sugiero, mejor, que se intente visitar la casa, o bien que se le eche un ojo a las fotos viejitas que hay aquí, acá y aquí también.