Alma de visitante

November 10, 2016
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De haber un canon, el Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández formaría parte de él. Un canon de las actividades culturales ineludibles de la Ciudad de México, en el que también estarían por ejemplo el tianguis del Chopo o la sacristía de la Catedral, de bote pronto. Qué bueno que no exista tal, pero sí esta compañía de danza, bien conocida en varios países y que el próximo año cumplirá sesenta y cinco, a la vez que un siglo de nacida su creadora. Visitantes de varios sitios, principalmente del extranjero, suelen colmar las funciones del Palacio de Bellas Artes, aplaudiendo bien orondos y emocionados luego de conocer un poquito del folclor mexicano –el de la señora Hernández–, que a su vez es sólo un poquito de la interminable cultura nacional: “Un pozo sin fondo”, a decir de Rosenda García, la más agradable acompañante que uno pueda tener en un espectáculo así, más de nudo en la garganta que de piel chinita. Rosenda conoce al bailarín aquel, le sabe a las suertes charras y al vestido de China Poblana y es capaz de explicar, con modestia y conocimiento de causa, por qué el vestido de jarocha no se levanta más allá de la cintura o lo africano del zapateado veloz. Ella misma da clases de folclor y pertenece a la Asociación Nacional de Charros. Muy provechoso escucharla, en voz bajita, al terminar el cuadro inicial de los matachines o durante la portentosa danza del venado. Tiene alma de visitante, igual que un servidor, y su nombre aparece ya en un canon folclórico personal, a la cabeza.